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martes, 25 de marzo de 2014

Como si fuera la ‘Primera’ vez

Desglosando lo que tanto se ha recorrido

Como si fuera la ‘Primera’ vez

Por: Tomás Castellanos

La carrera Primera es la avenida más importante y emblemática de la ciudad, cuenta con más de 80 establecimientos comerciales que tienen una magnifica vista de lo que se conoce como la bahía más hermosa de América.

Bajo un cielo azul y con un fresco viento rozando la cara, el día samario empezaba y el calor se volvía la constante entre cada paso.

La travesía era, según lo planeado, caminar sin afán por las calles de la ciudad, mas con el paso de los minutos el sol arreciaba.

Ver a la gente caminar aprisa tratando de ocultarse de un sol verdugo que golpea los rostros de los transeúntes.

Mientras en una breve caminata, cualquiera que tiene el tiempo y las ganas de caminar y recorrer esta emblemática playa, ya corrompida por la avaricia y el egoísmo de los gobernantes del distrito quienes prefieren aumentar sus arcas a costas de la biodestrucción de un recurso tan importante como lo es el agua, y de un elemento tan importante para esta ciudad como los son sus playas.

Caminar por el malecón de la bahía es estar en constante contradicción, es ver cómo el turismo se desarrolla a pasos agigantados alrededor de una playa que tiene una contaminación que, por más bella que sea la vista, la opaca.

Si bien el tránsito por esta importante vía es fluido, los carros corren y avanzan sin tener mayor complicación, el trayecto a pie es mucho más ‘divertido’ y placentero para todos los sentidos.

La vista

La vista es el primero de los sentidos que se despiertan cuando cualquier persona pasa por la carrera Primera de la ciudad de Santa Marta: cubiertos por los cielos despejados, el inmenso mar que casi al borde del horizonte por fin toma ese hermoso tono azul verdoso, y ver las esculturas que conmemoran a las tribus indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Los locales comerciales que elogian un turismo basado en playas reconocidas mundialmente, las cuales se encuentran lejos del perímetro urbano, puesto que las que se encuentran en este, han sido devastadas por el carbón y las malas administraciones que crearon uno de los elementos más destructivos de la bahía de Santa Marta: la Marina Internacional.

El oído

Este sentido se despierta ante los usuales improperios que utilizan muchos de los tenderos e incluso en las sutiles conversaciones de las personas que, para quejarse de sus gobernantes, utilizan palabras tan fuertes como el mismo morro que ve de lejos las tristes atrocidades que suceden en la ciudad.

Alejados de lo que en un principio es malo, se oyen risas y debates casi filosóficos de los veteranos que a las horas de la mañana se reúnen en un café a discutir sobre la noticia más reciente o sobre cualquier tema de actualidad que les plazca comentar.

Crean debates y polémicas tan fundamentados que ni el mejor Senador de la República, o por lo menos el menos malo, sería capaz de refutar.

El olfato

El olor a sal que genera tal cercanía con ese inmenso estanque al que llaman los propios ‘mar’, es lo primero que pasa por el cerebro de cada quien que cualquier día de la semana toma la decisión de caminar y disfrutar de la arquitectura de la ciudad. Lo cual los lleva a ver a esas humildes personas que con tanto esmero preparan comidas típicas en las tradicionales tiendas de las esquinas.

Sandra Garzón es una de las muchas mujeres que se levanta a las 4:00 a.m. para cortar, pelar y sazonar los alimentos que con el paso del día cocinará, asará y fritará para aliviar el hambre inclemente de los paladares samarios.


Su día empieza a las 4 de la mañana, momento en el que da de comer a sus 3 hijos y a su madre, puesto que su marido la abandonó después de su segundo hijo. Desde su casa en el barrio Pescaíto, hasta la calle 11 donde se encuentra el restaurante que con las uñas ha logrado sacar adelante, asegura con sus palabras que ella lo hace por darles un futuro agradable a sus hijos quienes son, junto con su madre, su razón para vivir.

lunes, 24 de febrero de 2014

El cacao entre el Banano

Una finca peculiar en la Zona Bananera
El cacao entre el banano
por Tomás Castellanos F.

A la sombra de un cultivo muy popular en la costa caribe colombiana, crece un sembradío de un producto especial.

Entre la sombra y la penumbra casi sobrenatural, alrededor de las cuales se tejieron míticas historias de mujeres bailando cumbia con fajos de billetes encendidos a manera de veladoras, inspiración de una de las primeras novelas cortas de Gabriel García Márquez, allí, entre esa hojarasca perenne de banano y palma, apareció un nuevo cultivo cuyo aroma enciende los sentidos y estimula, según dicen los más crédulos, tanto procesos creativos como amatorios.
Al cacao, además de encontrarse en el Eje Cafetero y abundar de manera industrial en otras latitudes, ahora le resultó un ‘sobrino’ en la costa norte colombiana. Llegó a la Zona Bananera, recién erigida municipio en 1999, para quedarse e inundar de sabor la ya rica gastronomía caribeña.

Y así, con el humo de las parrandas de antaño y la hojarasca aun revoloteando en la Zona, como cariñosamente la llaman sus moradores, el cacao sigue tejiendo historias y arraigando sus raíces a la vida sencilla del campo y desprovista de toda vanidad.

Hace 30 años, Luz Gaby Medina recibió como herencia una finca familiar, y con el apoyo de entidades como la Red Ecolsierra y la Fundación Pro Sierra Nevada de Santa Marta, esta señora de 40 años y de apariencia gentil y alegre, lleva ya 14 años cultivando este valioso fruto.

El Danubio, la finca que Luz Gaby heredó, cuenta con 3 hectáreas de sembradío de las cuales dos son de cacao y una es de zapote, cuyos primeros árboles fueron sembrados por ella misma hace solo 10 años.

La finca, engalanada de macetas cargadas de flores de diversos colores y aromas acentuados por la fragancia de la tierra húmeda y el cacao. Se encuentra ubicada cerca de la cabecera municipal de la Zona Bananera, Prado Sevilla. Allí, en la vereda La Barca Luz Gaby le abrió las puertas al cultivo del cual se extrae este manjar americano.

Del cacao y su producción
Este alimento de los dioses, como lo describe la mitología maya proviene en realidad de la Amazonía, y se le dio como nombre Xocolatl por algunas tribus indígenas de México, lugar de donde partió rumbo a Europa para obtener renombre en las cocinas de los belgas y los suizos.

De este delicioso fruto hay tres variedades, el criollo es el cacao con mayor sabor y el más fino del mundo, el forastero que es muy diferente al criollo puesto que es de menor calidad y menor aroma pero es utilizado para injertarlo a plantaciones de cacao criollo con el fin de mejorar su siembra, y el trinitario o híbrido que se consigue por medio de injertos entre el criollo y el forastero.

La planta cacaotera es peculiar puesto que sus flores y sus frutos no brotan desde sus ramas. Nacen directamente de su tronco, el fruto es alargado y de piel rugosa, con un centro suave y dulce que recubre las semillas de cacao. Su procesamiento es muy parecido al del café puesto que requiere de un tiempo bajo el sol o bajo calor seco el cual deshidrata el mucílago de las semillas para que liberen su sabor y su aroma.

En Colombia se cultiva en tierras superiores a los 400 metros sobre el nivel del mar y en total se cuentan 660.000 hectáreas distribuidas en buena parte del territorio nacional, pero con epicentro el eje cafetero, donde se produce el cacao criollo de más alta calidad, mientras que en el Magdalena se produce en menor cantidad y de la variedad trinitaria.

Las exportaciones de cacao alcanzan las 22.900 toneladas en el 2014, siendo los principales destinos Estados Unidos, España, Finlandia y Suecia, ventas que alcanzan los US$60 millones.

Usos

Dentro de sus usos más populares se encuentra el chocolate, pero de él también se derivan los productos como manteca de cacao que se utiliza para lubricar y proteger los labios resecos y el licor de cacao el cual junto a la manteca de cacao crean el popular chocolate blanco.


Además del chocolate, el cacao se usa triturado para aderezar carnes, rellenar embutidos y por medio de la liofilización producir la cocoa, polvo de chocolate muy concentrado que no aporta cremosidad a la bebida de chocolate pero si mucho sabor.